Primer acto.
Una serie de eventos afortunados me llevan en 2016 a una función de clown en un teatrito bien bonito de Coyoacán.
Voy con Leo, con todo y que la protagonista (al protagonista no lo conozco aún) me advierte que hay temas que quizá no sean claros para un morro de 8 años.
No solo le entiende a todo, sino que se carcajea a más no poder con las escenas de risa, y se conmueve con las que son para conmover.
De verdad, les clowns le encantan a mi crío. Y a mí también me encantan. Y ese par en particular, me cae de perlas. Son unas personas maravillosas.
Segundo acto.
La misma serie de eventos afortunados (pero de otro ramal) me lleva a conocer a uno de los músicos que admiro en la escena cabaretera de esta mi Ciudad de México.
Así, de repente, antes de salir al escenario en la Zona Rosa, y cuando ya hemos marcado algunas canciones para la función de ese mismo día, se presenta.
No puedo más que decirle que soy su fans.
También conozco a una cantante de tangos que canta bien bonito las rancheras.
Luego hay más colaboraciones y charlas y hasta un divertido ensayo con público en un bonito restaurante de la colonia Juárez.
Son de esas personas que digo: qué chido haber conocido.
Tercer acto.
Les clowns invitan al músico, a la cantante y a mí a formar parte de la obra que en 2016 disfruté en compañía de mi crío.
Obviamente aceptamos todes.
Ensayamos, con algunos tropiezos (chiste local) y, finalmente, re-estrenamos (ya en primera persona del plural y no en tercera) en el mismo teatrito bien bonito de Coyoacán, pero ahora siendo parte del montaje que me maravilló y en compañía de gente a la que admiro.
¿Cómo se llamó la obra?
(Pista: se llama igual que este post.)
Clowndo te hablen de amor. (Una historia para entender el amor… con humor.)
Creación y actuación: Juan Antonio Sánchez e Irazema Hernández
Músicos: Luciana Castellani, Elliot Sandín y Carlos Basaldúa.
