Fin de semana de música y danza en la frontera, allá donde Nogales se reparte entre Sonora y Arizona, donde La Bestia anuncia su paso a grandes voces, donde esa idea abstracta del territorio se vuelve un muro, donde el desierto fue convertido en hogar, y donde les migrantes se transforman en hermanes. Allá fuimos a tocar y bailar el folklore del corazón de Sudamérica. Y, por supuesto, hicimos muchas amistades nuevas y nos tomamos hartas selfies.
Compartir el escenario con la gente que admiras y aprecias es lo mejor que puedes experimentar. Allá en Nogales, rodeados de gente cálida y amigable, nos entregamos totalmente a la música y a la danza, al bello folklore boliviano.













